La Gran Cueva

No se que hora es.. tampoco me importa
Pero está amaneciendo y los ‘chichalacos’ empiezan a cantar como si fueran el despertador natural del resto de los pájaros.. bueno, de todos excepto de los puñeteros gallos. Una de las señoras de la Comunidad del Sótano, Adela, prepara café al fuego de leña y lo endulza con piloncillo, algo así como el ‘extra virgen’ de la caña de azúcar.. mucho más sano, por supuesto. Tomo una taza con Erik y Chava, de la expedición científica que viene a explorar la cueva, y me dirijo hacia la entrada del sótano para contemplar por última vez la salida de los vencejos y las cotorras.
Primero, los oscuros y pequeños vencejos vuelan en circulo para ascender por la corriente térmica.. las quilas observan pacientes desde las ramas.. todas menos una, seguramente joven e inexperta, que impaciente intenta salir metiéndose en el círculo que forma la bandada.. son muy rápidos y no dejan espacio para salir, así que la cotorra tiene que volver a las ramas y espera su turno natural.
No se cuanto tiempo pasa.. tampoco me importa.
Mi mente está ahí abajo.. en la cuerda de 400 metros.. en todo lo que vivimos ayer. Ese mundo oscuro y vertical que te hace ser pequeño, muy pequeño pero a su vez muy feliz por estar en un sitio nada común y muy poco transitado por el resto de humanos. El silencio interrumpido por el sonido de los pájaros o por la fricción de la marimba contra la cuerda al descender me hace estar en tensión y sudar de una manera exagerada. Me preocupa un poco el descenso de diego que al descolgarlo para que pueda filmar está dando muchas vueltas y se está mareando un poco. Todo estos males pasan cuando tocamos el fondo del sótano que nos abrazamos y disfrutamos de ese momento tan especial e impresionante. Plasmamos en el libro de registros que se encuentra en el fondo una dedicatoria a nuestras sufridoras y seguimos haciendo fotos, grabando, agarrando piedras ja ja ja. Entonces tenemos que empezar a ascender los casi 400 metros de cuerda que nos separan del mundo real, de la seguridad de la tierra firme. El principio de la ascensión es raro, el corazón esta descontrolado pero poco a poco me voy coordinando en el ritmo de ascensión. Los metros no pasan, parece interminable. La bandera ondea en el sótano colgada de mi. Tomo de referencias las impresionantes terrazas que están a mi alrededor. 10 brazadas mas, descanso, 10 mas, descanso. Andrés me grita pero no lo entiendo por el eco que produce la cavidad. Y llego, exausto, sin fuerza para poder comentar la ascensión. Estamos fuera.
En definitiva, desde ayer Miguel, Diego y yo somos unas de esas personas privilegiadas que podemos contar que un día bajamos al SOTANO DE LAS GOLONDRINAS.
Jorge.
p.d. ahora si que nos venía bien el masaje y la chocolaterapia..
Escrito por admin el 06-03-2009 a las 21:12:18
Categorías: Mexico Extremo 09









